domingo, 28 de marzo de 2010

La ternura del circo

Todo OK. El menudo artista conoce su rutina y también interactúa con el público.

EL PAYASITO DE CIRQUE XXI

Con apenas 3 añitos, Pedro Casanova es el artista más pequeño de la troupe. Con su frescura y solvencia se roba los aplausos del público sanjuanino.

LAURA VIDELA - DIARIO DE CUYO

SAN JUAN.- Cuando Pedro Casanova sale a escena es un grande. Es que con sus inocentes 3 añitos, Petaquito es un artista más del Cirque XXI. Pero claro, el más pequeño del grupo resalta del resto y no solamente por el tamaño de su traje de payaso, sino porque su ternura conquista diariamente al público sanjuanino que lo ve en las distintas funciones.

Sin mayor entrenamiento previo ni presiones, hace medio año que Pedrito empezó a formar parte del elenco que estará en la provincia hasta el 25 del próximo mes. Y fue nada menos que Marcos "Bicho" Gómez (el payaso Malaonda de Mañanas informales) quien descubrió a este gracioso mini actor. Según cuenta el papá de Petaquito -quien también trabaja en el circo-, la figura de la pantalla chica y de las tablas compartió funciones con ellos y advirtió que "tenía un payaso natural innato" por sus "actitudes cómicas".

Y el vaticinio se cumplió. Hoy el más chiquitito de los seis hermanos Casanova es la atracción del espectáculo, donde realiza tres apariciones: durante el show de malabarismo, convidando jugo a los espectadores y en la murga, donde toca la corneta e interviene con algunos diálogos. Y es en este último acto donde Pedrito emana la ingenuidad y espontaneidad propias de un niño.

Con su frescura, el payasito muchas veces se sale del guión, situación que no juega para nada en contra del espectáculo, ya que sus improvisaciones hacen soltar las carcajadas de grandes y chicos, que lo aplauden a rabiar. Por eso, "lo dejamos que fluya hasta que vemos que se empieza a distraer", contó su papá Gustavo. Y sí, es que más allá de ser un profesional con todas las letras, no puede evitar que, de vez en cuando, aparezca el pequeñín que es.

"A veces, los más chicos del público le sacan la lengua. Y él no se queda atrás. En otras oportunidades, mientras actúa ve que del otro lado están comiendo algo o tomando una bebida y también quiere lo mismo", cuenta su progenitor sin poder evitar la risa.

Esa misma "desconcentración" se tiene en cuenta a la hora de los ensayos ya que durante ese tiempo no debe haber otra persona más que su papá, quien lo prepara para las actuaciones.

"Por suerte nunca se negó a salir a escena, pero sí se empacó por un capricho minutos previos al espectáculo, así que actuó a medias e hizo todo rápido y se fue", recuerda Gustavo quien lo dirige frente al público también portando una gran nariz roja.

La vida de este hombrecito empezó adentro de una carpa, cuando el circo estaba instalado en una ciudad neuquina, el 29 de enero de 2007. A ese antecedente se le suma que su mamá, Cintia Foppolis, pertenece a la tercera generación circense y que Gustavo trabaja desde los 14 años en este fantástico mundo, que se lleva en la sangre y donde se aprende a bailar bailando, casi como un juego.

Cuando se apagan las luces de la carpa, Pedrito comparte el resto del día con sus hermanos -Kiara (9), Kairo (7), Brisa y Brenda (5) y Bárbara (4). Adentro del trailer, mira la tele (es fanático de Ben 10) mientras toma su mamadera de leche, pero también juega al fútbol y, a veces va al cine, entre otras cosas.

Eso sí, los días de espectáculo (de miércoles a domingo) duerme la siesta, porque la última función es a las 21,30; y el mini-artista -que juega mientras papá habla y posa para las fotos con frescura- tiene que estar con todas las pilas puestas.

Hasta el momento, el chiquilín cumple impecablemente su rol. Pero como dice Gustavo, habrá que ver cómo sigue la vida profesional de Pedrito. "Ahora le gusta lo que hace, pero más adelante quizás se sienta más cómodo haciendo otro papel u otra cosa", comenta. Mientras tanto, quienes concurren al Cirque XXI le dan el OK al payasito, que les responde con una postura canchera -y en medio del cuadro- levantando su diminuto pulgar.

"Seguramente hay personas que piensan que es un niño explotado. Y la verdad que nada que ver porque él nació en el circo y nadie lo obliga a que sea parte de la función. Es más, de esta manera se está preparando para cuando sea grande y, como padre, espero que continúe en esto, porque sigue los pasos de su familia y eso es un gran orgullo para mí", remató su progenitor.

Fuente: Diario de Cuyo

1 comentario:

Anónimo dijo...

Con amor a la familia Casanova gracias por conocerlos, la abuela Carmen está en casa, llorando de emoción al ver sus fotos en el blog,
029-4561900 para contactarla - Carlos Campos y Familia los saluda con un abrazo a la distancia y les desea una Feliz Navidad para toda la familia circense.carloscampos08@hotmail.com